Visitamos Koh Tao y la famosa Shark Bay en Tailandia

Nuevo día, nueva isla. Aún nos quedaba mucho por descubrir de Tailandia así que hoy sí, cambiábamos de isla. El precio del barco de Koh Samui a Koh Tao fue de 500 bath (13 euros) y tardamos unas 3 horas en llegar. Dentro del ferry hacía un frío de la muerte, como en la mayoría de ferrys que habíamos cogido. Recordad, coged algo de manga larga si vais a viajar en barco, en algunos tienen una especie de obsesión con poner el aire acondicionado a tope. Más que en Tailandia parece que estás en Alaska del frío que hace, yo no termino de entenderlo, pero bueno.

Ahí estábamos Xavi y yo, tapados con las toallas y viendo nuestra serie tan ricamente cuando Xavi se encuentra con su mayor fobia: ¡2 cucarachas!, y tuvimos que levantar a toda la fila para salir fuera. Oh sí, ¿no os lo había dicho?, en los barcos nos solíamos encontrar cucarachas, con lo que os daré el mismo consejo que le daba a Xavi: “Tú no mires” 😉

Cogimos el primer hostel cerca del muelle por supuesto no vaya a ser que tengamos que gastar en transporte (que la pela es la pela): Au Aon Guesthouse: una habitación doble por 600 bath (15,5 euros). Ninguna pega más que el internet, que para variar, no funcionaba. Bueno, y que la funda de mi almohada tenía un roto como una casa, ah, y que la ducha era de agua fría. Pero por lo demás, todo estupendo, teníamos la piscina justo en frente, una piscina para nosotros solos ya que nadie más la usaba. Las camas eran bastante cómodas y las sábanas blancas olían a limpio. Estuvimos muy a gusto la verdad.

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Au Aon Guesthouse, Koh Tao

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Cómo llegar a Au Aon Guesthouse en Koh Tao

Decidimos dar una vuelta para encontrar algo de comer, estábamos hambrientos. Dimos con un sitio de pizzas. ¡Pizza! Nos vale. Pedimos una pizza de tamaño grande para los dos. La pizza, más pequeña no podía ser. No entendimos cómo sería entonces el tamaño pequeño. Pero bueno, nos supo a gloria. ¡Piiiiiiizzaaa….! ¡Con quesooooo…! Buaaaaahhhh. 

Más tarde, quisimos ir a visitar a Pura Vida Diving ya que por Facebook nos dijeron que podían darnos información de la isla. Muy amables nos atendieron y respondieron todas nuestras preguntas. En Pura Vida Diving ofrecen evidentemente cursos de buceo, no cogimos ninguno porque mi presupuesto raterilla no me lo permitía, pero estaban completos, supongo que eso es una buena señal, ¿no?. 

En el hostel de al lado, vimos que tenían habitaciones dobles por 300 bath (7,8 euros) ¡Wow! ¡Qué barato! Teníamos que ver esa habitación. Bien, pues era un zulo, pero ZULO en letras mayúsculas. Una habitación viejísima, en un sótano lleno de humedad donde las paredes blancas estaban negras. Es de lejos la peor habitación que hemos visto hasta el momento. Salimos espantados (y riéndonos también, bueno qué queréis, no cabíamos en nuestro asombro de que alguien nos enseñara tal zulo y pretendiera de verdad que durmiéramos allí). Y es que sí, en Tailandia puedes encontrar alojamientos por 3 euros, pero son un puro desastre. Para eso mejor dormir en la playa. Por lo general y según mi experiencia, un alojamiento pasable empieza a partir de los 5 euros. Los encuentras de 3 sí, pero no querrás dormir allí… 

Terminamos el día en la playa más cercana, Mae Hat Beach, viendo el atardecer y, por supuesto, haciendo fotos.

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Mae Hat Beach

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Cómo llegar a Mae Hat beach

Al día siguiente cambiamos de alojamiento para poder conocer la parte sur de la isla, y dimos con unos bungalows que ni salen en google maps ni tienen nombre. Era una habitación amplia, el baño no tenía cadena, echabas tú el agua de un cubo. La limpieza era más bien escasa y las sabanas y cortinas eran las mismas que tienes cuando eres pequeño sólo que sin lavar. Nos costó 200 bath por persona (unos  5 euros), para una vez que decidimos pagar por 2 noches nos arrepentimos. La habitación olía mucho a tierra mojada, no dormíamos a gusto en aquellas sábanas y estábamos deseando irnos.

Recordé que mi Vanessa (con la que compartí mis dos primeros días en Tailandia) había estado anteriormente en Koh Tao. Ella nos recomendó Tropicana Resort. Casualmente quedaba muy cerca de nuestros bungalows así que fuimos a preguntar precios y a echarle un ojo. Nos gustó bastante, unos 500 bath (13 euros), amplias habitaciones, limpias y bonitas así que reservamos para la siguiente noche. 

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Tropicana Resort en Koh Tao
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Cómo llegar a Tropicana Resort en Koh Tao

Aquel día fuimos a conocer la famosa playa Shark Bay, Xavi tenía muchas ganas de hacer snorkel y por qué no aprovechar una playa en la que se pueden ver tiburones ballena. ¡A lo loco!

Seguimos las indicaciones de Google Maps, íbamos por supuesto caminando, que es bueno para el trasero y para nuestro presupuesto de gente pobre. No dejábamos de subir y bajar cuestas bastante empinadas, todo ello en hora punta de calor claro, a “smart” no nos gana nadie. Le pregunté a Xavi “¿Pero dónde está la playa? Si estamos subiendo una montaña.”  A lo que él contestó: “Claro, porque hay que subir para bajar”. La explicación me valió. Y seguí caminando. 

Cuando Google maps nos indicó que ya habíamos llegado, simplemente estábamos en un mirador en lo alto de una montaña, y la playa quedaba bien abajo. ¡No nos lo podíamos creer! Estábamos cansadísimos. Cuando volvimos a consultar con nuestro amigo Google maps, éste nos indicó que aún quedaban 20 minutos para llegar. Nos miramos incrédulos y riéndonos. “Te mato Xavi” dije. Una vez llegados hasta ahí, no quedaba más remedio que tirar para adelante.

Llegamos a un bar desde el que normalmente hay acceso a Shark Bay. Pero aquel día la marea estaba muy alta y las escaleras de acceso a la playa estaban cubiertas por el mar. El dueño del bar nos dijo que aquel día sólo podríamos ir nadando, que le dejaramos las cosas en la taquilla por 20 bath (50 céntimos) cada uno y fuésemos nadando. Nos dijo que si tratábamos ir por el resort de al lado, nos cobrarían 100 bath (2,5 euros), y nos convenció, pero una vez las cosas en la taquilla, la verdad es que daba bastante respeto ir nadando. Así que acudimos al plan B, colarnos por el resort de al lado: Haadtien Beach Resort.  

Allá fuimos, con la cabeza bien alta pasamos la aduana de recepción. Menudo hotelazo. Con piscinas infinity allá donde miraras, qué ganas teníamos de coger una toalla, hacer pasarnos por clientes y tirarnos en aquellas piscinas. Pero Shark Bay era tan bonita que nos dirigimos directamente a la playa. El mar estaba movidito y Xavi no pudo hacer snorkel, pero un bañito sí que nos dimos. 

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Intentamos buscar un camino más corto por el que volver, no podía ser que no hubiera un atajo. Así que caminamos entre los bungalows del resort, pero no encontramos ningún atajo. Nuestro gozo en un pozo. Un trabajador del hotel paró a hablar con nosotros y nos preguntó en qué habitación estábamos. Eeeeerror… Invéntate un número de habitación rápido, pensé. Mentimos fatal, así que salí por la sinceridad. “No, no nos hospedamos aquí, qué más quisiéramos” dije. El hombre siguió contestando muy amable, le preguntamos por un atajo para salir de Shark Bay. Nos dijo que anteriormente había un atajo pero que el dueño del resort lo cerró. Y terminó con una frase que nos acompañaría el resto de nuestra aventura “Is all about business, you know?” “Todo se mueve por negocio, ¿sabéis?”.

Al día siguiente me levanté y salí a caminar por la orilla del mar de Chalok Baan Kao Bay. Tiene un ambiente de lo más relajado y al mismo tiempo encuentras varios restaurante y bares en los relajarte y tomarte algo. 

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Chalok Baan Kao Bay

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Caminando hacia la derecha te encuentras con un puente de madera que cruza el mar para llevarte a Pirate Bay, y un poco más allá, te encuentras con esta calita monísima digna de ver. Tenían unos bungalows en primera línea de playa, el dueño se llamaba Billy, quien también tenía un bar en frente del mar con hamburguesas y ensaladas por 80 bath (2 euros): Rain Tara Restaurant. La ensalada de atún es deliciosa. Xavi se pidió unos “prawn crackers”, le apetecían muchísimo unas gambas rebozadas. Le trajeron un plato lleno de colores, resulta que los crackers a los que se referían era el típico pan de gambas que te sirven en el chino. Se llevó la desilusión del siglo, ahora, el plato era monísimo, no me negaréis. 

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Cómo llegar a la calita en frente de Rain Tara Restaurant

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Si continúas andando llegas a View Point Resort (sí, nos encantaba colarnos en los resort), un mirador perfecto para ver el atardecer. Aquel lugar nos enamoró y allí terminábamos todas las tardes, hacíamos abdominales (unos 10, luego parábamos con cualquier excusa), yoga (de mentira porque no teníamos ni idea) o simplemente poníamos música y disfrutábamos de las vistas.  

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Al día siguiente quisimos encontrar el atajo a Shark Bay, el Indiana Jones catalán, es decir Xavi, vio en Google Maps que si atravesábamos por la selva llegaríamos directos y sin dar tanta vuelta. Así que lo intentamos (eeeerrooooor). De camino dimos con una calita preciosa llamada On The Rock Beach. Para llegar tienes que bajar unas escaleras de piedra por medio de la selva. Un pequeño rincón mágico de agua turquesa. Nos dimos un bañito en aquella cala y seguimos nuestro camino.

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Cómo llegar a On The Rock Beach

Unos 15 minutos después de atravesar dificultosamente la selva y viendo una larga valla de alambre me di cuenta que no iba a ser posible. Xavi insistía en seguir, pero me planté, nos dimos la vuelta. Lo siento chicos, no encontramos el atajo para llegar caminando a Shark Bay, si alguien lo conoce por favor que nos lo diga. 

Así que cambiamos los planes y fuimos a Freedom Beach, donde nos dijeron que había que pagar 50 bath (1,3 euros) si queríamos pasar. Era bastante tarde, no queríamos pagar para entrar a una playa, ese dinero podría ser nuestra cena de aquel día. Xavi tuvo una magnífica idea: “Bueno, pues nos colamos y vamos por el barranco”. Estupendo querido, la idea no me puede parecer más lógica y segura. Terminamos sacando una foto desde la entrada, las vistas como podéis ver son geniales, y fuimos a la playa más cercana al hotel.

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La mañana de nuestro último día en Koh Tao yo ya andaba despierta mientras la marmota de Xavi seguía durmiendo. De pronto escuchamos un montón de disparos que sonaban en la mismísima puerta de nuestra habitación. El susto fue tal que terminé en la cama de Xavi el cual se despertó asustadísimo y gritando. En silencio le hice signo de que bajara la voz (pensando que si nos oían nos matarían, he visto muchas películas, sí). Cuando pararon los disparos nos extrañó no escuchar gritos de la gente. Enseguida nos entró la risa. ¿¿Qué ha sido eso?? ¡Qué sustazo! Se me salía el corazón por la boca. Aún seguía temblando. Olía como a petardos, pero ninguno se atrevió a salir, intentábamos aún reponernos del susto. Al rato salimos y no vimos nada raro. Todo seguía tan normal.

Aquella noche preguntamos en recepción si sabían qué podía ser. Nos dijeron que rezan a Buda y luego lanzan petardos en signo de buena suerte. Dijeron que no nos preocupásemos que no era nada. Xavi y yo nos miramos y nos reímos. Que no nos preocuparemos dicen. No terminamos con un ataque al corazón de milagro. ¡Con el susto que nos habían pegado!

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